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![]() It seems that daylight has found me here again, you can ask me anything, but where I've been. Looking out your window at the dawn, baby, when you'll wake up, I'll be gone... (Alison Moorer, A soft place to fall)
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Y el Martes todo cambió. Como bien dices, hay gente que no tendrá ninguna de esas cosas en toda la vida… y nosotros las tuvimos en un solo día. Cada instante ha quedado grabado a fuego en mi memoria y mi retina y sé que es uno de esos días que nadie va a poder borrar jamás, un regalo de la vida, que últimamente está más caprichosa que de costumbre y no hace más que guiñarme un ojo, que cumplirme todos los sueños que tenía. Con todas las cartas sobre la mesa ya no hay ninguna jugada que trazar, más que confiar en la suerte y apostarlo todo al mismo número. Al 19 rojo. Aunque tenga que partir mi vida en dos, me dará igual, y aquí dentro de este túnel nuestro amor resistirá... La despertó el calor de los rayos del sol que se colaban por la persiana. Aunque ella no lo sabía, era casi mediodía y el sol empezaba a apretar, advirtiendo que el solsticio de verano se encontraba cercano. Por un instante, ese pequeño relámpago de tiempo que transcurre entre el sueño y la certeza de volver a la vida real, no supo donde se encontraba. Luego, al abrir los ojos y enfocar la vista, se dio cuenta de que todo le era familiar. Las paredes de aquel color pastel que no le gustaba nada, el enorme armario, donde obligaban a esconderse a todos los fantasmas de aquella casa, el ventanal que daba a un pequeño balcón donde Julia solía fumar las noches de primavera, cuando la ciudad dormía y el calor aún no apretaba. Era su propia habitación, pero había algo que había cambiado... entonces se dio cuenta. Sumido en el sueño, el cuerpo de Nuno yacía plácidamente, enredado con el suyo. Como un niño, se había acurrucado entre los pechos de Julia, y formando un candado con sus piernas (del que Julia no tenía ninguna intención de intentar escapar) dormía profundamente. Su respiración y la de Julia iban desacompasadas, una nerviosa y profunda, como si tuviera prisa por absorber la vida a su alrededor, la otra tranquila y apenas audible, como si no quisiera llamar la atención, no fuera que alguien los descubriera siendo felices. Aunque no quería romper el momento, bajó la cabeza hasta que sus labios se encontraron con la frente de Nuno. Allí, entre surco y surco lleno de recuerdos, le dejó un beso tierno, apenas lo rozó con los labios, pensando que mientras pudiera tenerlo abrazado como entonces no dejaría que nada ni nadie le tocara. En ocasiones le sobrevenía un extraño sentimiento de protección que no había tenido antes con nadie. En momentos como aquel sólo pensaba en protegerlo del resto del mundo, que seguía girando, ajeno a lo que pasaba en aquella habitación. Julia deslizó las manos por la espalda de Nuno, como hacía siempre que lo tenía abrazado de aquella manera. Apenas rozándolo con las yemas de los dedos, recorrió toda su espalda, desde aquel hueco que le encantaba, justo al principio, en la zona lumbar, hasta el cuello, y después los hombros, siguiendo el camino que trazaba su columna vertical. Los últimos días de sol le habían dado a su piel una tonalidad rojiza que a ella le encantaba, y que hacía resaltar las pequeñas pecas que tenía repartidas por toda la piel… Ella siempre pensaba que eran las señales de un mapa que no todo el mundo había sabido interpretar. Luego paseó los dedos por su pelo con suma delicadeza. Su color rojizo encajaba con la personalidad de Nuno, tan explosiva como el elemento que representaba su cabello. Pero no podía ser. Todas las veces que había tenido aquella sensación, no había resultado ser más que un sueño cruel, que la despertaba y la devolvía a aquella misma cama, con la única diferencia de que al despertar, él no estaba a su lado… Y la luz del día la devolvía a la realidad como quien devuelve un regalo que no le gusta, casi con una mueca de desprecio. Entonces sintió que alguien se movía a su lado. Nuno se despertaba, perezoso, con la misma cara de niño pequeño que tantas veces había imaginado. Desde su posición, levantó la cabeza, con los ojos aún entrecerrados, y sonrió. La atrajo contra él y la besó en el cuello, aspirando su aroma. Buenos días, pequeña… Esta vez era de verdad. |