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![]() It seems that daylight has found me here again, you can ask me anything, but where I've been. Looking out your window at the dawn, baby, when you'll wake up, I'll be gone... (Alison Moorer, A soft place to fall)
Bienvenidos a Inventando Amaneceres... |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.
Pasan cosas raras. A veces esa extraña ecuación que es el espacio – tiempo falla con algunas personas. Estrepitosamente. En los últimos 7 días ha fallado con tres de ellas, dos relativamente cercanos a mí (porque ellos, sí, en plural y en masculino) lo han querido, y con la tercera, que no es otra que yo misma. Después de haber dicho aquí mismo que le regalaba a uno de ellos un “último momento”, casi como por arte de magia, el pasado miércoles apareció una voz al otro lado de mi teléfono que no reconocí al principio, y que resultó ser él. Después de un mes y medio, después de haber pensado de todo, después de… después de haber intentado olvidarle, vuelve. Y por suerte o por desgracia, vuelve, como siempre, aunque quizá yo no lo haya visto hasta este mismo instante. Vuelve, y de repente, se me cae del pedestal en el que lo tenía ensalzado. Y aunque en un primer momento creí que quizá todo volvería a ser como antes, resulta que nada va a volver a serlo. Porque no puede ser, y porque sobretodo, lo que era antes no era real. Sobretodo por su parte. Por la mía… ojalá lo hubiera sido. Así que me hago a la idea de que subjetivamente todo había sido perfecto, y objetivamente (gracias siempre Sidhe, hermana) sólo es lo que es. Y así se queda, sólo que ahora, quizá, con más de 600 kilómetros de distancia entre los dos… Casi mejor. Y el segundo aparece el mismo día, pero a la luz de la luna... Una conversación de teléfono me lleva a un paseo, un paseo me lleva a un bar, y la copa del bar me lleva a verme delante de la Rosita de hace año y medio, confesando sus miedos, sus ilusiones, lo que quiso y a quién quiso... y resulta que me lleva al "él" de hace año y medio, a lo que quiso, a sus miedos y sus ilusiones, y a quién quiso o quiso tener... y resulta que ambas partes coinciden. Resulta que ahora, si me hubiera arriesgado, este blog tendría una forma y un fondo totalmente distintos (nunca sabré si mejor o peor)... Y yo me vuelvo a casa pensado que por una parte me parece genial haber quitado toda la mierda que había entre los dos definitivamente, porque si vamos a ser amigos es mejor empezar de cero, y por otra parte, mi yo racional me dice que a toro pasado es tan fácil afirmar ciertas cosas que… No sé a qué estamos jugando, sólo que tengo un miedo espantoso a equivocarme, a confundirme, a dejarme llevar por algo que quizá no sea como yo pienso… a pesar de que todos los indicios digan que sí. Así que hoy, para acompañar también este comentario, una canción de gente que vuelve a tu vida, de cosas que vuelven, de recuerdos que golpean y se funden con otros nuevos… Ella me dio cuanto se puede dar Para ser sinceros no sé por donde debería empezar este comentario. Los que me conocen saben que no me gusta demasiado hablar de algunas cosas, por una estúpida superstición, “no vaya a ser que la cosa se tuerza”. Pero llega un momento en el que por algún sitio tienes que soltar ciertas cosas… Este verano me está trayendo muchos cambios (es curioso, todos los años igual). Profesionalmente me va bien, estoy aprendiendo muchísimo y el cambio de calidad y cantidad es bastante grande. Personalmente los días de calor están transcurriendo plácidos y llenos de momentos mágicos, entre piscinas, baños nocturnos a la luz de las estrellas, paseos por la playa, visitas de amigos a los que tenía muchas ganas de ver (¿nos tiramos por los tronquitos otra vez?... te echaré de menos) y cervezas al calor de cualquier terraza. Pero hay algo, o mejor dicho alguien, que está haciendo que algo esté cambiando. Alguien que ha vuelto de entre la nada hace casi un mes, que hace que todo me ilusione y me asuste a partes iguales. Alguien que hace que me den ganas de sorprenderlo con pequeños detalles. Alguien que me hace sonreír como una tonta cada vez que me acuerdo de él, que me tiene pendiente del móvil, que hace que esté de buen humor los cuatro días siguientes a esa noche que nos hemos visto, que vaya cantando “La fuerza del corazón” a todo trapo por la autopista, que tenga la sonrisa en la cara casi permanentemente. Algo está creciendo, o eso parece, y no lo quiero estropear. Sé que él tampoco, que como dirían los Hombres G, “sé que tú tienes miedo, y ¿qué crees? ¿qué yo no tengo?”. Sé que ambos estamos muy asustados (casi igual que ilusionados) y que queremos conocernos primero sobre todo y ante todo. Que no es bueno forzar las cosas ni presionar a la gente. Que no es bueno cantar victoria antes de haber saltado al campo… Así que como soy una supersticiosa y no quiero que la cosa se tuerza, mejor no os cuento más… Algo está cambiando. |