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eSCaLeRaS Con algunas personas siento la necesidad de reafirmarme. Puedo tener una opinión más o menos formada, más o menos justificada o razonada, pero siempre tengo que confirmarlo, sobretodo conmigo misma. Así que eso mismo hice, y el Martes por la tarde me encontré tomando la salida de la autopista que tantas veces durante los últimos 7 meses tracé, volviendo a uno de esos pueblos que nunca acaban de gustarte pero por alguna razón le acabas cogiendo aprecio, a la plaza donde vagaba tantas veces al sol de la mañana, cuando se suponía que estaba haciendo parte de mi trabajo… pero donde me iba a no verte por un par de horas, a aliviarme el corazón. Y después de tres días de relax, playa y de compartir ratos con mis padres, como cuando era una enana (me encanta), decidí que en mi viaje de vuelta podía hacer una parada, y una vez más, reafirmarme en mi sensación, y en mi decisión. Porque si mi sensación era (es) la correcta, mi decisión, que no es otra que ÉL (y no tú), cada día es más acertada. Dos horas alrededor de una mesa de café, un paquete de cigarrillos, unos refrescos y una visita que no por inesperada no me sorprendió en absoluto fueron suficientes para reafirmarme… Detrás de la admiración que hace casi 7 meses empezó a crecer para convertirse en una de mis pajas mentales no había nada más que lo típico: alguien que parece ser “algo más”, que acaba siendo, con la luz del día y desde la distancia y perspectivas justas y necesarias, algo menos. Algo menos que un amigo, eso desde luego… Para empezar, quedar con alguien y que luego se añada alguien más no es algo que me siente demasiado bien (aunque en este caso incluso me divirtió… hormonas en ebullición en una plaza llena de niños, bonita metáfora), y que ni un simple “¿y qué tal tú? Tienes cosas que contarme, supongo…” después de casi tres meses no hubieran estado mal. Así que allí estaba yo, oyendo historias que hace tiempo dejaron de importarme, aguantando como una campeona, con cara de interés, cuando en realidad no hacía otra cosa que preguntarme qué tal estaría la persona que me roba el sueño. Y todo para volver a casa con esa estúpida sonrisa, como cuando te encuentras 100€ por la calle, con esa sensación de haber cerrado definitivamente un capítulo que no conducía a la nada, con esa sensación de que tus sentimientos y tu decisión… son los correctos. Y mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, él, mi decisión, no sabe más que sentirse perdido… Y yo, con su imagen planeando constantemente en mi cabeza, no puedo hacer otra cosa que decirle que tiene mis hombros cuando quiera llorar, con Diego Torres cantando los versos que Sabina le quiso regalar… y que yo no soy capaz de parar una vez empiezan.
Por la escalera (Diego Torres & Joaquin Sabina)
Si me dieras a elegir entre moda y arrabal si tuviera que mentir lágrimas de carnaval si pudiera desandar la memoria que tanto descuidé si supiera amortizar tu desamor y mi fe.
Si la estéril vanidad de la estatua de cera que prendí me absolviera del amor eterno si el infierno pasa por aquí.
Si dijeras sálvame si quisieras nombrarme tu escudero y si el trece más uno de febrero te decidieras a calmar mi sed.
Cómo sería si bajaras tú, si subiera yo si subieras tú, si bajara yo.
Si volviera a mancillar la bandera que juré si me diera por matar muertos que viven de pie tu escalera de color primavera de otoño mes de abril no alimentes corazón duelos entre el no y el sí.
Me desarmo por su amor como un guerrero la espero en cada esquina mientras el bombón de mi vecina solo busca amores de estación.
Si dijeras sálvame si quisieras nombrarme tu escudero y si el trece más uno de febrero te decidieras a calmar mi sed
Cómo sería si bajaras tú, si subiera yo si subieras tú, si bajara yo. 24/08/2006 10:42
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