
Dice la RAE que el egoísmo es un “inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás” así que hoy no voy a decir absolutamente nada de lo acontecido ayer, de la rabia que me hinchó por dentro y de las veces que por la noche me llegué a maldecir hasta el alma por todas las estupideces que alguna vez llegamos a pensar… llegamos a sentir. No voy a hacer gala de esa facultad que tienen algunos de pensar antes en sí mismos que en los demás.
Hoy no voy a hacer gala de mi egoísmo ni de mi egocentrismo. Es 11 de Marzo y mi ciudad está llorando como hace justo un año. Llora mi ciudad, llora Madrid y lloramos todos los que aquel día gris nos levantamos con el corazón encogido y el estómago revuelto. Aún recuerdo las primeras imágenes que vi al mediodía, porque estaba fuera de casa y me iba enterando por la radio, la confusión de no poder dar con mi chico por teléfono a pesar de que él cogía el metro y no el tren, el alivio de saber que todos los conocidos estaban bien… Y las lágrimas, la confusión… pero sobretodo me quedó dentro una sensación de inseguridad, de miedo, de angustia… y a mí ni siquiera me había tocado de cerca. Y la manifestación multitudinaria de Barcelona al día siguiente. Miles de personas en silencio, un silencio que dejó completamente muda a la ciudad, hermanada con Madrid, de la mano, rotas por el dolor.
Madrid me recibió hace ya 3 años como si fuera hija suya, me dejó perderme en sus calles, amar en sus portales y vivirla tan de cerca que decidí dejarme la mitad del corazón allí. Recuerdo que la primera vez que estuve lloraba, y que la última reía con un sol radiante, espléndido y maravilloso. De Madrid al cielo, dicen... cuando ves ese sol y ese azul tan especial ves que es verdad.
Hoy todavía sigo buscando una respuesta, un porqué, una razón coherente (que no la hay seguro) para segar de manera tan brutal 192 vidas, 192 sueños, 192 ilusiones, 192 familias. No es justo.
Un año después he vuelto a levantar la cara a la lluvia y he llorado por todas y cada una de ellas, porque yo, igual que tú, también iba en ese tren.