
Eso es lo que ando haciendo estos días, dándole vueltas a la cabeza y pensando qué hacer con mi situación laboral. Por fin he llegado a una conclusión más o menos cabal. El plan es esperar unos meses prudenciales y entonces hacer mi jugada. Si hay posibilidades de promoción, me quedo. Si no, mi etapa se habrá cerrado. De cualquiera de las dos maneras es mi mejor opción para dar un giro y empezar a crear mi vida.
Y es que no quiero que siga pasando el tiempo y verme en el mismo sitio. Cuando entré tenía 18 años y pensaba que sería un curro de verano, de sacarme el dinero suficiente para poder pagar un curso de radio por el que me pedían casi un millón de pesetas. Lo del curso se truncó, empecé a estudiar una carrera y ahí se quedó el trabajo de verano. No me quiero convertir en algo que no quiero ser: alguien totalmente acomodado con lo que tiene, que ya le va bien no hacer nada más que una rutina… no sé si le tengo más odio o miedo a esa situación. No sé. Me cuesta imaginar que un día perderé la intensidad de la sangre por las venas, los arrebatos de pasión, las ganas de huir cuando conduzco por la autopista queriendo buscar el mar. Como dice Ismael Serrano, si no ves más allá de tu horizonte…estarás perdido.